La antropología es una ciencia comprensiva general que estudia al hombre en el pasado y en el presente de cualquier cultura siendo de suma importancia el aspecto sexual, el amor humano, el matrimonio y la familia. La antropología se divide en dos grandes campos: la antropología física, que trata de la evolución biológica y la adaptación fisiológica de los seres humanos, y la antropología social o cultural, que se ocupa de las personas que viven en sociedad, es decir, las formas de evolución de su lengua, cultura y costumbres.
La diversidad humana tiene muchas formas de expresión. Sin embargo la más evidente y diferenciadora es la cultura. Esa es la "llave maestra" para describir y explicar los distintos modos en que los grupos y sociedades organizan su vida. Antropología estudia la cultura en su relación con los procesos sociales.
Por otra parte la familia se asientan en la naturaleza humana y responden a su verdad originaria según la quiso su Creador. Existen algunos conceptos básicos sobre el ser humano y su obrar según una antropología que esté de acuerdo con una visión creatural del hombre y con una finalidad inserta en una historia de salvación eterna: es decir una antropología cristiana.
Es evidente que la Sagrada Escritura no trata de ofrecernos una antropología sistemática, sino que presenta al hombre como el centro de la obra creadora de Dios: es formado por sus manos y recibe la vida del propio aliento divino (Gén 2,7). Para él planta Dios el jardín de Edén y le ordena que ponga nombre a los animales (cf Gén 2,9.19-20); le da, por último, una ayuda adecuada, porque no es bueno que el hombre esté solo (cf Gén 2,9.20-24). Tenemos aquí el núcleo de una profunda antropología: el hombre está llamado a servirse de la creación y a dominarla y es un ser eminentemente social, hecho para estar en comunión con los otros. Pero vivirá solamente si mantiene la relación con Dios, que lo ha creado y le ha comunicado su misma vida.
Para el cristiano, es una oportunidad reconocer y llevar la sanación a cosas que influyen en la familia. Desde el pasado, con repercusiones para el futuro, Para transformar esta realidad con mis antepasados asistí al retiro de sanación intergeneracional el cual fue muy sanador y liberador, comenzó con oraciones, cantos y alabanzas a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo, dando honor y gloria a

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